Interesante

Pago de cerdos - Historia

Pago de cerdos - Historia


We are searching data for your request:

Forums and discussions:
Manuals and reference books:
Data from registers:
Wait the end of the search in all databases.
Upon completion, a link will appear to access the found materials.

El presidente Kennedy heredó el plan de la CIA de enviar exiliados cubanos a liberar el país. La CIA y el ejército convencieron a Kennedy de que un plan para enviar unos pocos miles de soldados podría tener éxito contra una fuerza muy superior a disposición de Castro. La CIA y los militares contaban con que el presidente aprobara el apoyo directo de Estados Unidos una vez que la invasión estuviera en marcha. Kennedy, por otro lado, trató continuamente de limitar la participación de Estados Unidos. El resultado fue la aniquilación de la fuerza invasora.

El presidente Kennedy heredó los planes para la invasión de Bahía de Cochinos de la administración de Eisenhower y, por lo tanto, se vio obligado a lidiar con el plan prácticamente desde el momento en que asumió el cargo. Fidel Castro había comenzado como el libertador de Cuba del corrupto régimen de Batista. La victoria de Castro fue recibida con sentimientos encontrados en Washington. Poco después de tomar el control, Castro comenzó a nacionalizar la propiedad y a abrazar el comunismo, sembrando así las semillas de una estrategia para derrocarlo. El plan se basaba en la idea de que se iniciaría un levantamiento popular contra Castro una vez iniciada la invasión.

Kennedy se vio obligado a elegir entre dos opciones muy difíciles: 1) desechar el plan por completo, lo que implicaría desarmar a los rebeldes cubanos que habían sido entrenados en Guatemala por la CIA y luego enfrentar críticas de que estaba apaciguando a Castro; o 2) estar de acuerdo con un plan en el que no creía completamente y sobre el cual tenía fuertes dudas en cuanto a la probabilidad de éxito. Los asesores de Kennedy estaban divididos. La CIA insistió en que el plan tendría éxito; mientras que el Departamento de Estado advirtió sobre los peligros de implementar el plan.

El presidente Kennedy parecía arrastrado al vórtice del nefasto plan cubano. El 28 de marzo de 1961, Arthur Schlesinger le preguntó al presidente qué pensaba del plan con respecto a Castro. Su respuesta: "Lo pienso lo menos posible". Esto fue indicativo de las acciones de Kennedy sobre los temas de Castro y Cuba. La única insistencia de Kennedy fue que la participación de Estados Unidos fuera lo más limitada posible. Entonces, al final, Kennedy siguió con un plan en el que tenía poca confianza.

Quienes estaban detrás del plan para destituir a Castro contaban con que el presidente aceptara enviar tropas estadounidenses, de ser necesario. Kennedy, por su parte, contaba con solucionar el problema permitiendo que la invasión la llevaran a cabo unos miles de cubanos exiliados, mientras los militares y la CIA contaban con que el presidente autorizara la intervención abierta de Estados Unidos.

Ha habido una serie de historias en la prensa sobre la posibilidad de una invasión de Cuba patrocinada por Estados Unidos. Cuando se le preguntó al presidente, en una conferencia de prensa del 12 de abril, hasta dónde llegaría Estados Unidos para ayudar a las fuerzas anticastristas a invadir Cuba, respondió: "No habrá bajo ninguna condición una intervención en Cuba de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos". Fuerzas. Este gobierno hará todo lo posible para asegurarse de que no haya estadounidenses involucrados en ninguna acción dentro de Cuba ".

El 17 de abril comenzó la invasión de Cuba. La operación nunca tuvo oportunidad. El bombardeo inicial contra las bases militares cubanas destruyó solo tres aviones. La invasión no había sido una sorpresa. Decenas de miles de soldados, bajo el mando de Castro, estaban listos para responder a un ataque.

Hubo muchas peticiones de apoyo, pero Kennedy se mantuvo firme en su posición de no apoyo abierto de Estados Unidos. Como resultado, todos los rebeldes fueron capturados y el fiasco conocido para siempre como "Bahía de Cochinos" entraría en los libros de historia como una debacle, por la cual el presidente Kennedy asumió públicamente toda la responsabilidad.


Bahía de Cochinos

Fidel Castro y Che Guevara un día antes de la invasión de Bahía de Cochinos.

También conocida como la Segunda Revolución Cubana, la Guerra Civil Cubana o la Guerra Anticomunista, fue un conflicto de siete meses que resultó en el derrocamiento del gobierno de Castro, el asesinato de Fidel Castro que llevó a la formación de una nueva insurgencia y liderado por el Che Guevara contra las fuerzas militares estadounidenses. El gobierno revolucionario fue reemplazado por la República Libre Proamericana de Cuba.


LEER LOS DOCUMENTOS

Volumen V - Nueva versión

2016-09-00
Documento 01: Personal de historia de la CIA, carta de presentación, David S. Robarge, historiador jefe de la CIA, "Contexto para los lectores del volumen del borrador de la CIA adjunto", septiembre de 2016, no clasificado

1984-04-18
Documento 02: Personal de Historia de la CIA, Historia Oficial de la Operación de Bahía de Cochinos, Borrador del Volumen V: "Investigación Interna de la CIA en Bahía de Cochinos", Jack B. Pfeiffer, 18 de abril de 1984, Secreto (con portada sin fecha y sin firma de JK McDonald , Jefe, Personal de Historia de la CIA y tres apéndices de alto secreto)

Volúmenes I, II, III, IV - Publicado anteriormente

1979-09-00
Documento 03: Personal de Historia de la CIA, Historia Oficial de la Operación de Bahía de Cochinos, Volumen I: "Operaciones aéreas, marzo de 1960 - abril de 1961", Jack B. Pfeiffer, septiembre de 1979, Top Secret

1979-10-00
Documento 04: Personal de Historia de la CIA, Historia Oficial de la Operación de Bahía de Cochinos, Volumen II: “Participación en la conducción de la política exterior”, Jack B. Pfeiffer, octubre de 1979, Top Secret

1979-12-00
Documento 05: Personal de Historia de la CIA, Historia Oficial de la Operación de Bahía de Cochinos, Volumen III: "Evolución de las políticas anticastristas de la CIA, 1951- enero de 1961", Jack B. Pfeiffer, diciembre de 1979, Top Secret

1984-11-09
Documento 06: Personal de Historia de la CIA, Historia Oficial de la Operación de Bahía de Cochinos, Volumen IV: "La Investigación del Comité Taylor de Bahía de Cochinos", Jack B. Pfeiffer, 9 de noviembre de 1984, Sin clasificación


La CIA conmemora el 60 aniversario de uno de sus fracasos más infames en la historia, la invasión de Bahía de Cochinos, con una moneda de "victoria"

& ldquoEsta moneda de plata que conmemora una victoria anticipada (pero nunca realizada) de Bahía de Cochinos presenta un contorno de Cuba con un invasor rebelde que avanza más allá de un miembro caído del ejército de Castro en primer plano,& rdquo, la agencia tuiteó el martes con una foto del artefacto.

Esta moneda de plata que conmemora una victoria anticipada (pero nunca realizada) de Bahía de Cochinos presenta un contorno de Cuba con un invasor rebelde que avanza más allá de un miembro caído del ejército de Castro en primer plano.

& mdash CIA (@CIA) 25 de mayo de 2021

Los chistes prácticamente se escribieron solos, y un usuario comentó que & ldquo anticipado pero nunca realizado & rdquo la victoria es una [forma] interesante de decir & ldquoperdimos. & rdquo

Más de un comentario llamó a la moneda la versión de la CIA de un & ldquotrofeo de participación, & rdquo refiriéndose al premio de consolación que se entrega en los concursos deportivos escolares en Estados Unidos.

Algunas respuestas mostraban a un Fidel Castro sonriente fumando un puro. Castro era el líder de la revolución cubana, a quien la CIA pretendía deponer mediante la invasión de Bahía de Cochinos.

La CIA también falló en una cantidad incalculable de intentos de asesinar a Castro, lo que llevó a un comentarista a preguntar si estaban lanzando monedas que conmemoraban esos fracasos, y a otro a bromear: & ldquoNunca podrían vencer al jefe final & rdquo. Castro se retiró oficialmente en 2006 y murió en 2016 por causas naturales.

Entre las respuestas se encontraba una divertida referencia a un SU-100, un cazacarros soviético que Castro utilizó personalmente para golpear uno de los barcos invasores y ndash según una placa en el Museo de la Revolución Cubana en La Habana, junto al cual está montado el vehículo. sobre un pedestal.

La página del museo a la que se vinculan los tweets de la CIA y rsquos en realidad admite que la invasión de Bahía de Cochinos fue & ldquoun desastre total& rdquo y que las fuerzas cubanas capturaron o mataron a la mayoría de los 1.400 invasores en tres días. También revela que el reverso de la moneda & ldquo muestra de manera destacada una cruz, un escudo y la bandera de Cuba con las frases & lsquoCrusade to Free Cuba & rsquo y & lsquoNo habrá fin más que la victoria. & rsquo & rdquo

& ldquoVuelva a publicarlo en un juego con un llavero para ese ridículo asalto a Venezuela que fue frustrado por pescadores y una edición muy limitada & lsquoCreamos ISIS y la guerra civil siria y todo lo que Estados Unidos consiguió fue la factura & rsquo camiseta,& rdquo sugirió otro usuario.

No está claro por qué la agencia eligió este día en particular para mencionar Bahía de Cochinos, considerando que el 60 aniversario de la fallida invasión fue a mediados de abril. En cualquier caso, el nivel de burla rivalizaba con el & ldquowoke & rdquo videos de reclutamiento publicados en YouTube a principios de este mes.

¿Crees que tus amigos estarían interesados? ¡Comparte esta historia!


Nixon & # 8217s Secretos de Bahía de Cochinos

En la oscuridad, la madrugada del 17 de junio de 1972, desde el interior de las oficinas del Comité Nacional Demócrata en el edificio de oficinas de Watergate en Washington, DC, el ladrón James McCord envió una alarma por radio a sus dos supervisores. Al supervisar la operación desde su puesto de mando en el hotel Watergate, E. Howard Hunt y G. Gordon Liddy oyeron el susurro electrónico de McCord de que él y los otros cuatro ladrones podrían haber sido detectados.

"Rascalo", aconsejó Hunt. Pero Liddy le ordenó a McCord: "¡Vamos! Todo el mundo está aquí [es decir, los cuatro ladrones de Miami]. . . ¡Ir!"

“Así que fueron. . . archivado en la historia ”, recordó Hunt más tarde.

Minutos después de obedecer la orden de Liddy, la policía de DC atrapó a McCord y a los otros ladrones vestidos de manera inusual, quienes vestían trajes y corbatas, así como guantes quirúrgicos. Hunt y Liddy huyeron apresuradamente de la escena, pero finalmente fueron vinculados al crimen.

Estos hombres se convertirían en los primeros participantes conocidos en el mayor escándalo político de la nación. Dos veranos más tarde, "Watergate" obligó al presidente Richard Nixon a dimitir en deshonra.

Aparte de su atuendo, este no era un equipo de robo ordinario: el ex agente de la CIA Hunt era el espía jefe de Nixon en la Casa Blanca, el ex agente de la CIA McCord y el ex agente del FBI Liddy eran altos funcionarios del comité de campaña del presidente en 1972. Los miamenses tenían vínculos con la CIA y —con Hunt como su supervisor— habían participado en la planificación de la fallida invasión de Cuba a Bahía de Cochinos respaldada por la CIA once años antes. Todos los hombres habían estado involucrados en operaciones clandestinas anteriores de la Casa Blanca de Nixon contra los enemigos del presidente.

Hunt y Liddy incluso habían participado en un asunto particularmente sórdido: el asesinato planeado del columnista del periódico Jack Anderson, el archienemigo de Nixon en los medios. El complot contra Anderson sólo salió a la luz en 1975 cuando el Washington Post informó que, “según fuentes confiables”, Hunt les dijo a sus asociados después del robo de Watergate que se le ordenó matar al columnista en diciembre de 1971 o enero de 1972.

El presidente Nixon decidió estar fuera del país el día del robo de Watergate. Estaba visitando una isla privada en las Bahamas propiedad de su antiguo compañero de bebida Robert Abplanalp, un rico hombre de negocios. Acompañado por Bebe Rebozo, Nixon había viajado en helicóptero a la pequeña isla desde su casa en Key Biscayne, Florida.

De mal genio incluso en condiciones normales, el director ejecutivo se volvió loco cuando su asistente Chuck Colson le dijo por teléfono que sus hombres habían sido arrestados en Watergate. Nixon se enfureció tanto que arrojó un cenicero contra una de las paredes del lujoso refugio caribeño de Abplanalp.

Sabiendo que su presidencia estaba seriamente amenazada, Nixon actuó rápidamente para salvarse. Sus principales armas fueron la mentira, los encubrimientos y el chantaje.

Primero, instruyó a su secretario de prensa, Ron Ziegler, para que informara a los reporteros en Florida que estaba por debajo de la Casa Blanca incluso comentar sobre un "intento de robo de tercera categoría".

El 22 de junio, después de regresar a la Casa Blanca, Nixon hizo su primer comentario público sobre el robo. Afirmó rotundamente que "la Casa Blanca no ha tenido participación alguna" en el allanamiento. Y declaró, con la cara seria, que tal evento "no tiene lugar en nuestro proceso electoral o en nuestro proceso gubernamental".

El día 23, en un esfuerzo por lograr que la CIA detuviera la investigación inicial de Watergate del FBI, Nixon trató de chantajear al director de la CIA, Richard Helms, aparentemente usando su conocimiento de los principales secretos de la CIA para mantener la tapa sobre Watergate.

El presidente quería asustar a Helms con la perspectiva de que, bajo presión, un Hunt detenido podría empezar a parlotear con las autoridades sobre "Bahía de Cochinos". Esa frase, para Bob Haldeman, el ayudante más confiable de Nixon, era el código secreto de Nixon-CIA para uno de los eventos más oscuros de nuestra historia, un evento con tenues vínculos con la desastrosa invasión cubana de 1961.

En un libro posterior a Watergate, Haldeman reveló: “Parece que en todas esas referencias de Nixon a Bahía de Cochinos, en realidad se estaba refiriendo al asesinato de Kennedy. (Curiosamente, una investigación del asesinato de Kennedy fue un proyecto que sugerí cuando entré por primera vez a la Casa Blanca. Ahora sentí que estaríamos en condiciones de obtener todos los hechos. Pero Nixon me rechazó) ".

El experto en Watergate y corresponsal de National Public Radio, Daniel Schorr, coincide independientemente con Haldeman en que la amenaza Watergate de Nixon a la CIA sobre "Bahía de Cochinos" fue "sobre un escándalo profundamente oculto". . . un asesinato o algo por el estilo. Se suponía que iba a involucrar a la CIA y al presidente Kennedy ". Schorr también dice que, hasta el día de hoy, “Helms jura que no tiene idea del oscuro secreto al que se refería Nixon. Pero, sea lo que sea, llevó a Nixon a intentar reclutar a la CIA en un intento de obstrucción de la justicia que se convirtió en su perdición final ". Especulando por separado, el experto en asesinatos de JFK Jim
Marrs, sin conocer la revelación de Haldeman, hace dos preguntas perspicaces sobre las conversaciones grabadas de Bahía de Cochinos entre Nixon y su asesor de mayor confianza: ¿Podrían haberse referido indirectamente a las conexiones entrelazadas entre agentes de la CIA, cubanos anticastristas y mafiosos que probablemente resultó en el asesinato de Kennedy? ¿Tenían ellos mismos algún tipo de conocimiento interno de este evento?

Otra posibilidad, por supuesto, es que la “Bahía de Cochinos” se refiriera a los complots de asesinato de la CIA contra Fidel Castro, que en ese momento no eran de conocimiento público. Tanto el vicepresidente Nixon como el presidente Kennedy respaldaron esos planes. Y Howard Hunt de la CIA fue uno de los primeros defensores del asesinato de Castro y un actor clave en todos los aspectos de la planificación de la invasión de Bahía de Cochinos. Cualquiera que sea el significado del término, los generalmente imperturbables Helms se despegaron cuando Haldeman lo mencionó a raíz del robo de Watergate.

Pero, primero, Nixon tuvo que instruir a Haldeman sobre cómo amenazar a Helms. Durante un ensayo del 23 de junio de Haldeman para la reunión crítica con Helms ese mismo día, el presidente instruyó cuidadosamente a su asistente número uno sobre qué decirle al jefe de la CIA: “Hunt sabe demasiado. . . Si esto sale a la luz, todo esto está involucrado. . . Haría quedar mal a la CIA, hará que Hunt quede mal y es probable que arruine todo el asunto de Bahía de Cochinos. . . lo cual pensamos que sería muy desafortunado tanto para la CIA como para el país. . . y para la política exterior estadounidense ".

En su reunión con Helms, cuando el emisario de Nixon trajo a Bahía de Cochinos, según Haldeman, el jefe de la CIA agarró los brazos de su silla, se inclinó hacia adelante y gritó: “¡Bahía de Cochinos no tiene nada que ver con esto! No me preocupa Bahía de Cochinos ". Haldeman dijo que estaba "absolutamente conmocionado por la reacción violenta de Helms" cuando entregó el mensaje de Nixon. Helms "gritó como un gato escaldado", dijo el asistente de Nixon, John Ehrlichman, cuando Haldeman mencionó que el rastro de Watergate podría conducir a "Bahía de Cochinos". Ehrlichman participó en la reunión.

En su libro, Haldeman agregó que la CIA realizó un "encubrimiento fantástico" que "literalmente borró cualquier conexión entre el asesinato de Kennedy y la CIA". Haldeman nunca reveló su fuente, pero la evidencia apunta a Nixon. "Prácticamente nada de lo que hizo Nixon se hizo sin el conocimiento de Haldeman", dijo John Ehrlichman. "Eso no quiere decir que Haldeman aprobó todo lo que dijo o hizo Nixon, pero era esencial que él supiera y tuviera la oportunidad de objetar antes de que sucediera".

Ehrlichman se fue a la tumba sin revelar ningún secreto de Bahía de Cochinos, pero sí escribió una novela sobre un presidente y un jefe de la CIA que intentaban chantajearse mutuamente por un complot de asesinato anterior que involucraba a ambos hombres.

Si Haldeman sabía sobre la supuesta participación de la CIA en el asesinato de Kennedy, Nixon ciertamente lo sabía. El presidente habría tenido que decirle a su principal ayudante lo que realmente estaba detrás de su amenaza de "Bahía de Cochinos" contra la agencia. Esa conclusión obtiene un sólido apoyo de una cinta de Watergate publicada recientemente, del 18 de mayo de 1973, en la que Nixon y Haldeman recuerdan la advertencia de "Bahía de Cochinos" que Haldeman le entregó a Helms en junio anterior.

Haldeman le recuerda al presidente que Helms dijo: “Oh, no tenemos ningún problema con Bahía de Cochinos, de nada. . . Y eso me sorprendió, porque me había dado la impresión [énfasis del autor] de que la CIA estaba preocupada por Bahía de Cochinos ". En la cinta, Nixon no pone objeciones a la precisión de la memoria de Haldeman.

Se grabaron cintas de audio en todas las conversaciones telefónicas y de la oficina de Nixon, por lo que el presidente no querría referirse a los secretos del asesinato de John F. Kennedy como "Dallas" o "todo el asunto de JFK". ¿Por qué, lógicamente, el asesinato de JFK podría ser conocido por Nixon y Helms y algunos otros como "Bahía de Cochinos"? Quizás porque el elenco de personajes empleados en el plan de 1960 para invadir Cuba en Bahía de Cochinos y matar a Fidel Castro y el elenco de personajes empleados en el plan para asesinar a Kennedy en 1963 eran los mismos.

Cuando Nixon fue vicepresidente, él y el entonces agente de la CIA Hunt fueron los principales planificadores secretos de la invasión de Cuba en Bahía de Cochinos que fracasó tan estrepitosamente cuando más tarde ordenó el presidente Kennedy. Nixon y Hunt fueron líderes clave de un complot asociado, y también desafortunado, para asesinar a Castro. Para esa misión, se reclutaron posibles asesinos de las filas de la mafia, de modo que si se revelaba alguna de sus actividades, se podía culpar al crimen organizado.

Helms, como entonces director de las operaciones encubiertas de la CIA, fue un participante clave en los complots de asesinato de Castro. Los conspiradores también contaron con el apoyo del multimillonario Howard Hughes. Al igual que Nixon, Hughes despreciaba a los Kennedy y tenía fuertes vínculos tanto con la CIA como con la mafia. El misterioso y solitario Hughes había hecho grandes y secretas recompensas a Nixon y su hermano Donald durante la mayor parte de la carrera política de Nixon.

Al frente de Hughes, Robert Maheu se acercó a los mafiosos Johnny Roselli, Sam “Mooney” Giancana y Santos Trafficante. Un informe dice que quince asesinos profesionales finalmente formaron el equipo de asesinatos de Castro "ultra-negros", consistente con un golpe típico de la mafia, como lo resume el autor David Scheim: "Un asesinato por turba es generalmente un trabajo metódico, realizado por un equipo coordinado de especialistas . En algunos trabajos se utilizan hasta 15 hombres armados, conductores, observadores y otro personal de respaldo, además de varios automóviles ”.

Maheu, un ex agente del FBI empleado tanto por la CIA como por Hughes, tenía muchos vínculos con Nixon. Para mencionar solo dos: en 1956, Maheu dirigió una operación de espionaje financiada por Howard Hughes para proteger a Nixon contra las fuerzas republicanas de "Dump Nixon" que intentaban bloquear el nombramiento de Nixon como vicepresidente de Dwight Eisenhower. Además, mientras Nixon era veep, Maheu trabajó para Nixon en una operación de "trucos sucios" contra el magnate petrolero griego Aristóteles Onassis.

Maheu ayudó al gobierno de Estados Unidos a sabotear un acuerdo que le había otorgado a Onassis el monopolio del envío de petróleo de Arabia Saudita. Según los informes, como parte de su misión, Maheu incluso recibió una licencia, si era necesario, para matar al magnate griego. Después de una reunión con Maheu sobre Onassis, el vicepresidente Nixon estrechó la mano de Maheu y susurró: "Y recuerda, si resulta que tenemos que matar al bastardo, no lo hagas en suelo estadounidense".

El exsecretario de prensa del presidente Kennedy, Pierre Salinger, dijo que Maheu le dijo que los complots de la CIA y la mafia contra Castro fueron autorizados por Nixon:

Conocía bien a Maheu. Me contó [en 1968, cuando Salinger estaba solicitando al jefe de Maheu, Howard Hughes, para una contribución de campaña a la candidatura de Robert Kennedy a la Casa Blanca] sobre sus reuniones con la mafia. Dijo que había estado en contacto con la CIA, que la CIA había estado en contacto con Nixon, quien les había pedido que siguieran adelante con este proyecto. . . Fue Nixon quien le hizo [Maheu] hacer un trato con la mafia en Florida para matar a Castro ".

El abogado de Nixon en la Casa Blanca, John Dean, confirma que Maheu fue "el punto de contacto para el esfuerzo de la CIA para que Mafi asesinara a Fidel Castro a principios de la década de 1960". Dean dijo que su compañero asistente de Nixon, Jack Caufield, le dijo que el imperio Hughes “estaba envuelto en una guerra interna, con dos mil millones de dólares en juego, ojos privados llenos de gente, juegos de poder desconcertantes y figuras de la mafia acechando entre bastidores. "

El veterano abogado de la mafia Frank Ragano reveló en la década de 1990 que el complot de asesinato contra Castro se tramó en el verano de 1960. Informó que “la búsqueda de Maheu de asesinos de la mafia comenzó con John Roselli, quien trajo a Sam Giancana, el jefe de Chicago, y a Santo [Trafficante ]. . . Los agentes de la CIA le dijeron a Maheu que podía ofrecer 150.000 dólares a los asesinos y que el asesinato de Castro era una fase de un plan más amplio para invadir Cuba y derrocar al gobierno comunista ". Ragano también afirmó que era el mensajero involuntario en una orden de julio de 1963 del jefe de los Teamsters, Jimmy Hoffa, a Trafficante y Marcello por el asesinato del presidente Kennedy.

Sam Giancana le confió a su hermano, Chuck, en 1966, que la CIA le había ofrecido 150.000 dólares para golpear a Castro. "Les dije que no podía importarme menos el dinero. Nos ocuparemos de Castro. De una manera u otra. Creo que es mi deber patriótico ".

Giancana dijo que al director de la CIA, Allen Dulles, se le ocurrió la idea y que dos altos funcionarios de la CIA, Richard Bissell y Sheffield Edwards, fueron elegidos para hacer los arreglos. Y dijo que la agencia se puso en contacto con él a través de Maheu. Giancana designó a Roselli como el intermediario del plan entre Mafi y la CIA.

De esa conversación con su hermano, Chuck también mencionó a varios otros conspiradores en el complot sobre la vida de Castro: “Mooney dijo que puso a Jack Ruby nuevamente en acción suministrando armas, aviones y municiones a exiliados en Florida y Louisiana, mientras que el ex Castro El ministro de Juegos, Frank Fiorini [también conocido como Frank Sturgis], se unió a Ruby en la empresa de contrabando junto con un asociado de la CIA de [Guy] Banister, David Ferrie ".

El presidente Kennedy fue elegido para el cargo antes de que Nixon y los otros planificadores tuvieran tiempo de llevar a cabo la invasión de Bahía de Cochinos. La invasión tuvo lugar el 17 de abril de 1961 bajo el mandato de Kennedy y fue un rotundo fracaso, uno por el cual Kennedy aceptó públicamente toda la responsabilidad. Mil quinientos exiliados cubanos fueron rápidamente abrumados por unas 20.000 tropas cubanas. Pero, convencido de que la CIA le había tendido una trampa, Kennedy despidió al jefe de la CIA, Allen Dulles, un viejo amigo de Nixon, y juró que desmantelaría la agencia.

Nixon, Hunt y muchos líderes de la CIA y del exilio culparon en privado a Kennedy de la catástrofe militar por no proporcionar una cobertura aérea adecuada. Más tarde, Hunt acusó públicamente al presidente de "un fallo de nervios".

Los jefes de la mafia, ya enfurecidos por la cruzada anticrimen de Kennedy en este país, estaban molestos porque sus lucrativos casinos de juego, cerrados por Castro, no regresarían a Cuba.

Es muy posible que los principales elementos de la mafia y la CIA decidieran enviar sus pistoleros contra Kennedy en lugar de Castro. ¿Nixon lo sabría? Después de todo, a él y a Hunt se les habían ocurrido las ideas originales que pensaban que después JFK falló. Y los estrechos contactos de Nixon con la CIA y la mafia indudablemente lo mantuvieron completamente
actualizado sobre los principales desarrollos relacionados. Fletcher Prouty, un ex oficial de la Fuerza Aérea que trabajaba regularmente con la CIA en operaciones encubiertas, ha dicho que Nixon “bien podría haberse dado cuenta” de que ese equipo asesino “estuvo involucrado” en el asesinato de Kennedy.

Aunque, según los informes, Helms explotó cuando Haldeman mencionó "Bahía de Cochinos" en relación con Watergate, más tarde negó saber de qué estaba hablando Haldeman. Pero la respuesta inmediata de Helms fue ordenar a su ayudante, Vernon Waters, que le dijera al director interino del FBI, Pat Gray, que la investigación del FBI ponía en peligro las operaciones encubiertas de la CIA. Gray "cumplió diligentemente la orden de recortar la investigación". La acción de Helms da peso a la probabilidad de que el tema que Nixon planteó con él, a través de Haldeman, en realidad tratara de algo diferente a la invasión de Cuba de 1961 respaldada por la CIA.

De hecho, la autopsia ultrasecreta de la CIA sobre la invasión, cuando finalmente fue desclasificada en 1998, reveló importantes errores de la agencia y criticó la falta de información al presidente Kennedy de que el potencial de "éxito había sido dudoso". Pero el informe no contiene absolutamente nada que pueda interpretarse como sensible a la seguridad nacional.

Varios días antes de la invasión, el corresponsal en Miami del New York Times, Tad Szulc, escribió una historia sobre el aterrizaje planeado. Pero, después de un llamamiento personal del presidente Kennedy, los editores de alto nivel del Times lo suavizaron. Dos meses después, Szulc le dijo al Comité de Relaciones Exteriores del Senado que la información sobre la supuesta invasión secreta había estado disponible en Miami en marzo para cualquier periodista interesado. Kennedy dijo más tarde a los editores del Times: "Si hubieran publicado más sobre la operación, nos habrían salvado de un error colosal".

La advertencia de Watergate de Nixon a Helms sobre los peligrosos secretos de la CIA que Hunt podría contar, y los eventos que condujeron a ella, merecen una mirada más de cerca.

Ya en su presidencia, el 18 de septiembre de 1971, Nixon contempló una orden a la CIA para que le entregara sus archivos completos sobre Bahía de Cochinos. Esto sucedió en una reunión en la Casa Blanca de Nixon, el fiscal general John Mitchell y los ayudantes de Nixon Haldeman, Ehrlichman y Egil Krogh. Las notas escritas a mano de Ehrlichman tienen a Ehrlichman diciéndole al grupo: "Bahía de Cochinos, orden a la CIA, el presidente debe tener el archivo COMPLETO o, de lo contrario, nada retenido. El presidente estuvo involucrado en Bahía de Cochinos, debe tener el archivo, la teoría, profundamente involucrado, debe saberlo todo ".

El presidente hizo un seguimiento personalmente en una reunión con Helms el 8 de octubre de 1971. Ehrlichman se sentó. Sus notas citan a Nixon diciendo: “El propósito de la solicitud de documentos: debe ser informado completamente para saber qué esquivar no perjudicará a la Agencia , ni atacar a su predecesor ".

Helms responde: "Solo un presidente a la vez, solo trabajo para usted".

Nixon luego dijo: "Ehrlichman es mi abogado; trata con él en todo esto como lo harías conmigo".

Después de que Ehrlichman le dice a Helms que solicitará más material, Helms responde: "Está bien, lo que sea".

Helms inicialmente estuvo de acuerdo con el encubrimiento de Watergate. Haldeman pudo decirle al presidente que le informó a Helms que la investigación de Watergate “se remonta a Bahía de Cochinos. . . En ese momento, se hizo una idea. Dijo que estaremos muy felices de ser útiles ". Helms, sin embargo, lo pensó mejor y pronto se negó a cooperar con la táctica de Nixon. Por esa insubordinación, finalmente fue desterrado para ser embajador en Irán.

El hecho de que la CIA no obedeció la orden de Nixon también se establece en una cinta de Watergate recientemente publicada de una conversación del 18 de mayo de 1973 en la que Haldeman le dice a Nixon: “[Helms dice que la CIA] no tiene nada que esconder en Bahía de Cochinos. Bueno, ahora, Ehrlichman me dijo en los últimos días que eso no es cierto. La CIA estaba muy preocupada por Bahía de Cochinos, y en la investigación aparentemente él estaba haciendo cosas de Bahía de Cochinos. En algún momento, falta un memorando clave que la CIA o alguien ha hecho desaparecer que impidió el esfuerzo por averiguar qué sucedió realmente en Bahía de Cochinos ".

En The Ends of Power, Haldeman afirmó que el encubrimiento de la CIA del asesinato de JFK incluía no informar a la Comisión Warren sobre los intentos de asesinato de la agencia contra Fidel Castro. Y reveló que el jefe de contrainteligencia de la CIA, James Angleton, llamó a Bill Sullivan del FBI para ensayar sus respuestas a posibles preguntas de la comisión. Haldeman dio estas muestras:

Q. ¿Oswald era un agente de la CIA?

UNA. No.

Q. ¿Tiene la CIA alguna evidencia que demuestre que existió una conspiración para asesinar a Kennedy?

UNA. No.

Haldeman señaló que Sullivan era el "amigo leal de más alto rango" de Nixon en el FBI. En los primeros días del encubrimiento de Watergate, según Ehrlichman, Nixon "sabía muchas cosas sobre Hunt que yo no sabía". Cita al presidente diciendo: “Su abogado es Bittman. . . ¿Crees que podríamos reclutarlo para asegurarnos de que Hunt no revele secretos nacionales? " El 21 de marzo de 1973, Nixon todavía estaba profundamente preocupado por mantener callado a Hunt. Le dijo al ayudante John Dean que se deben cumplir las demandas de Hunt de $ 120,000 adicionales en dinero para silencio. Y los dos hombres luego tuvieron este intercambio:

Nixon: Bueno, tu chico principal a tener bajo control es Hunt.

Decano: Eso es correcto.

Nixon: Creo. Porque él lo sabe. . .

Decano: El sabe mucho.

Nixon: . . . sobre muchas otras cosas.

Los esfuerzos de chantaje de Nixon incluso se extendieron al ex presidente Lyndon Johnson. Un libro de 1994 basado en los diarios personales de Haldeman muestra que, en enero de 1973, Nixon intentó obligar a LBJ a utilizar su influencia con los demócratas del Senado para descarrilar la investigación de Watergate. Haldeman dijo que Nixon amenazó con hacer pública la información de que LBJ interceptó la campaña de Nixon en 1968. Cuando Johnson se enteró de la amenaza, “se puso muy caliente y llamó a Deke [De Loach, el hombre número 3 del FBI] y le dijo que si la gente de Nixon va a jugar con esto, él daría información ”que sería aún más dañina para Nixon.

La información que el presidente Johnson iba a dar a conocer fue eliminada de la lechería de Haldeman por el Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Carter, que la examinó en busca de material sensible de seguridad nacional. Es la única eliminación de este tipo en todo el libro.

Cintas y documentos recientemente desclasificados revelan, sin embargo, que LBJ estaba, de hecho, listo para jugar una enorme carta de seguridad nacional, la carta de la traición, contra la desesperada apuesta de Nixon en Watergate. El ex presidente estaba dispuesto a revelar que, en 1968, por razones puramente políticas, el candidato presidencial Nixon había socavado los esfuerzos de Estados Unidos para poner fin a la guerra de Vietnam. El presidente Nixon abandonó el plan de chantaje después de la contraamenaza de LBJ.

Nixon nunca expresó públicamente ninguna sospecha de que los asesinos de la CIA / Mafia reclutados para matar al líder cubano Fidel Castro pudieran haber asesinado al presidente John Kennedy. De hecho, Nixon nunca admitió que, como vicepresidente, estaba a cargo del plan de invasión de Bahía de Cochinos y los complots asociados de la CIA y la mafia para matar a Castro. Más bien, estaba registrado como un firme partidario de la conclusión de la Comisión Warren de que el crimen del siglo XX fue obra de un loco comunista solitario, Lee Harvey Oswald, y que este loco fue silenciado por otro loco solitario, Jack Ruby, actuando por patriotismo.

Los primeros pensamientos de Robert Kennedy sobre quién podría ser el responsable fueron completamente diferentes. Inmediatamente después del asesinato de su hermano en Dallas, el fiscal general sospechó de la participación de la CIA y la mafia.

Kennedy se enteró de la identidad del agente de Howard Hughes, y que alguna vez fue el tramposo sucio de Nixon, Robert Maheu cuando le contaron sobre la conspiración de asesinato de la CIA y la mafia organizada por Maheu contra Castro. El experto de Hughes, Michael Drosin, informa que RFK estaba “conmocionado. Not about the failed attempt to kill Castro, which he and his brother almost certainly approved in advance, but about the CIA’s choice of hit men. Especially Giancana.” RFK knew that if the mob was involved in a political plot, it was likely with the CIA’s endorsement.

Jack Newfield, producer of the 1998 Discovery Channel documentary Robert F. Kennedy: A Memoir, said Robert Kennedy had a firm idea about who killed his brother: “Bobby told [JFK adviser] Arthur Schlesinger he blamed ‘that guy in New Orleans’—which meant [Mob boss] Carlos Marcello. Bobby was intense about prosecuting Marcello as attorney general. He deported him in 1961, indicted him when he returned, and tried him in 1963.”

“Th e Bay of Pigs” gets frequent mention on the Nixon tapes. And the term is usually employed in ways that suggest reference to the assassination. These tapes are also studded with deletions—segments deemed by government censors as too sensitive for public scrutiny. “National Security” is usually cited. Not surprisingly, such deletions often occur during discussions involving E. Howard Hunt, the Bay of Pigs and John F. Kennedy. Isn’t it long past time when these censored sections of the tapes are declassifi ed? Meantime, more than one million JFK assassination-related CIA documents remain secret, but are supposed to be released in 2017. Let’s hope that, as a result, we finally find out who killed JFK and why. And maybe these declassified records will also throw some new light on the befuddling “Bay of Pigs” code that Richard Nixon used in his very first effort to cover up the Watergate burglary.


5 Reasons Why the Bay of Pigs Invasion Failed

Just months after Fidel Castro and his communist revolutionaries took power in Cuba in 1959, the United States government secretly began to plot his downfall. Under President Dwight D. Eisenhower, the CIA recruited Cuban exiles in the U.S. to form a counter-revolutionary army at a covert CIA training camp in Nicaragua called "Happy Valley." The group was known as Brigade 2506. When John F. Kennedy was elected president in 1960, he inherited a convoluted scheme to invade Cuba using 1,500 of these anti-Castro Cubans trained by the CIA.

The mission, known as the Bay of Pigs Invasion, was doomed from the start and is widely regarded as one of America's worst foreign policy failures. The attack began the morning of April 15, 1961, with what was supposed to be an aerial bombardment of Castro's small air force. But the CIA-trained pilots, who flew World War II-era B-26 bombers painted to look like Cuban planes, failed to destroy all of Castro's aircraft.

That's when things really started to unravel, says Jim Rasenberger, author of "The Brilliant Disaster: JFK, Castro, and America's Doomed Invasion of Cuba's Bay of Pigs". Here are five reasons why the Bay of Pigs Invasion went so spectacularly wrong.

1. Journalists Spotted the CIA's Fake Plane

While eight of the B-26 bombers were sent to destroy Castro's airfields, a ninth flew directly to Miami, Florida, where "the CIA came up with this cockamamie idea," says Rasenberger.

The B-26 pilot in Miami claimed to be a defector from Castro's air force who had risen up with his comrades to attack the communist regime. The CIA took pains to make his plane look legit, complete with a Cuban air force serial number and a nose cone riddled with fresh bullet holes, but savvy journalists on the ground quickly saw through the ruse.

"There was still tape on the gun barrels to keep the dust out and his guns were mounted in the nose of the plane, while Castro's were under the wings," says Rasenberger. "It gave away the whole game right there."

Suddenly, with one bad fake job, it was plain to everyone that the U.S. was clearly behind this invasion. The Soviet premier Nikita Khrushchev was furious and Kennedy was backed into a corner. If he admitted U.S. involvement, he risked starting World War III.

2. Kennedy Canceled the Second Airstrike

With the world watching, Kennedy made a difficult decision to cancel a second round of airstrikes planned for the early hours of April 17. Those airstrikes were supposed to destroy the rest of Castro's air force and clear a path for the amphibious pre-dawn landing of 1,500 men.

"The moment Kennedy canceled those airstrikes, he doomed the invasion," says Rasenberger. "Castro still had half of his planes left. For the invasion to have any chance of succeeding, those planes had to be taken out."

Rasenberger doesn't think Kennedy got "cold feet," as some critics alleged, but rather made a rational decision that a second airstrike wasn't worth going to war with Russia. Unfortunately, it would prove to be the mission's undoing, leaving the invading force and supply ships vulnerable to devastating airstrikes from Castro's remaining pilots.

3. The Landing Site Was Covered With Coral

The CIA had been planning the amphibious landing on Cuba's Playa Girón for months. Spy planes took dozens of aerial photographs of the landing site, but somehow the CIA officers missed a major obstacle — an offshore expanse of razor-sharp coral.

"The aerial photos showed something in the water, but CIA experts had explained it away as seaweed," says Rasenberger.

The plan was for the 1,500 CIA-backed Cuban fighters to slip quietly on to the beach before dawn, unload supplies from support vessels and establish a beachhead before Castro's army even woke up. But the coral threw everything into chaos, sinking some of the landing craft and slowing the amphibious landing to a crawl.

"By the time the first light came up, all those men were supposed to be on the beach and the support vessels out of sight," says Rasenberger. "The whole thing got completely screwed up."

Castro's air force, still intact after Kennedy's canceled airstrike, strafed the invasion force like it was target practice, not only killing men, but sinking two of their supply ships and sending the rest fleeing to international waters.

"The result was that all of the supplies for these 1,500 men were taken away," says Rasenberger. "Medical supplies, arms, vehicles. Everything they needed to survive on the beach was gone."

4. There Was No Spontaneous Cuban Uprising

It's unclear exactly what the CIA hoped would happen after the exiled Cuban fighters secured the beachhead at Playa Girón, but one of the political assumptions was that once news of the invasion reached Havana, it would inspire a spontaneous uprising from Castro's underground enemies.

"That didn't happen," says Rasenberger. "By the spring of 1961, all the anti-Castro Cubans had either left the country or were in jail in Cuba."

At this point, the survivors of the botched beach landing were pinned down on Playa Girón while Castro's army closed in from the surrounding swampland. No counter-revolutionaries were going to come out of the woodwork to save them, assuming they could have crossed the swampland. But the survivors could still count on their CIA backers, right?

5. A Time Zone Snafu Ruined the Rescue

At this point, the CIA and the U.S. Navy were begging Kennedy to send U.S. Air Force fighters to shoot down Castro's planes and clear a supply route for the pinned down troops. Kennedy rejected the idea of direct attacks by U.S. planes, but eventually authorized one hour of cover by six unmarked American Skyhawk jets from the U.S.S. Essex, an aircraft carrier patrolling nearby.

The Skyhawks wouldn't engage Castro's planes directly but would provide defensive cover for B-26 bombers flown in from Happy Valley. As it turned out, those B-26s weren't flown by Cuban exiles this time, but by U.S. airmen from Alabama who were in Nicaragua as trainers.

"What happened next was really strange. There was a time screwup," says Rasenberger. The time agreed upon was 6:30 a.m. EST but for some reason the B-26s launched an hour early. The jets immediately flew after them but they couldn't reach the invasion area in time to offer protection.

When the American-piloted B-26s flew over Cuba expecting Navy jets to be protecting them, they were all alone. Two of the jets were shot down and four of the American pilots were killed. Castro recovered one of the bodies and kept it as proof of America's hand in the failed plot. Seventy-five percent of Brigade 2506 ended up in Cuban jails. They were freed in 1962 in exchange for $53 million in food and medicine.

HowStuffWorks puede ganar una pequeña comisión de los enlaces de afiliados en este artículo.

Instead of ousting Castro, the disastrous Bay of Pigs Invasion gave legitimacy to his regime and only strengthened Cuba's relationship with the Soviet Union, an anti-American alliance that would result in the far scarier Cuban Missile Crisis of 1962.


After Fidel Castro drove his guerrilla army into Havana and overthrew the nation’s American-back president General Fulgencio, officials at the US State Department and the CIA attempted to remove Castro.

The Bay of Pigs invasion was undertaken by Cuban exiles supported by the CIA and US government under President John F Kennedy. In April 1961, approximately 1,400 exiles landed at the Bay of Pigs in Cuba with the aim of removing Castro. The invaders were badly outnumbered by Castro’s troops, and they surrendered after less than 24 hours of fighting.

In the process, the vast majority of the 2506 Brigade were taken captive and nearly 100 people died. They were later released in exchange for $50 million worth of food and medicine. Overall, the Bay of Pigs invasion was a major source of humiliation to Kennedy’s administration and only served to worsen the tensions of the Cold War.

In September 1987, Arnhilda Gonzalez-Quevedo, the Republican member of the Florida House of Representatives for Coral Gables, presented the museum founders with $75,000 from the state of Florida for its construction.

The museum was dedicated on April 17, 1988 at 1821 South West Ninth Street in Little Havana, Miami by 400 attendees, including veterans and Cuban exiles.


Summary of the Bay of Pigs Invasion

Fondo

Cuba had been US-aligned under the reign of Fulgencio Batista. But after Batista was overthrown in the Cuban Revolution in 1959, Fidel Castro-led Cuba became increasingly socialistic. This soured relations between the USA and Cuba, and the US started funding various Cuban guerrilla forces fighting Castro’s regime.

The first major spark in the US-Cuba conflict came when Castro ordered US-based oil companies to process Russian petroleum in their Cuban oil refineries. The US government prohibited the companies from going ahead with that, to which Castro retorted by nationalizing Cuba’s oil refineries. The US then imposed an embargo on Cuba, banning the export of all but essential commodities, and stopped import of Cuban sugar. The sugar industry as well as other important industries such as mining, had been brought under US control under Fulgencio Batista’s reign. Castro nationalized most American companies in Cuba, including giants such as Coca-Cola, and started selling the sugar, Cuba’s prime source of revenue, to the USSR.

The tensions between the two countries had now reached irreparable levels. At a 1960 meeting of the Organization of American States, an organization of the countries in North and South America, the US representative accused Castro of promoting communism and committing human rights violations. Castro responded by pointing out the racial segregation in the US.

El plan

The purpose of the Bay of Pigs invasion was to accomplish a coup d’etat and overthrow the Castro government without revealing US involvement in it. The plan was first formulated in the Eisenhower era, who supplied USD 13 million to the CIA to recruit and train the Cuban guerrilla squad, Brigade 2506. The recruitment was carried on by two CIA officers, E. Howard Hunt and Gerry Droller.

After Kennedy was sworn in, in 1961, he was informed of the CIA plan. He was determined to make an example out of Cuba in his efforts to prevent the spread of communism and consequent Soviet influence. The most important aspect was to mask US involvement, because if the US had gone to war openly, the USSR would have retaliated. Kennedy supported the plan, as long as it could succeed in showing that the invasion was purely an internal matter of Cuba, and was not linked to the US.

The Invasion

The CIA initially intended to launch the invasion at the Cuban town of Trinidad, southeast of the Bay of Pigs. This plan was rejected by the US State Dept., because it was too close to civilian population, even though it offered an easy escape route in the form of the Escambray Mountains.

15th April

The invasion was to be preceded by an air attack on Cuba’s meager air force, limiting Castro’s ability to defend against the terrestrial invasion with planes. The attack was carried out on April 15 by American B-26 bombers, colored to look like stolen Cuban planes. However, the Cubans had already received information of the impending attack, and had moved their air force to safety. The B-26 bombers only succeeded in destroying about 10 military aircraft, but destroyed numerous civilian ones. Having been foiled in the preliminary stage of the plan, and at risk of being exposed as the orchestrator, the US were now left in too deep, and proceeded with the invasion as planned.

The air attack incited strong reactions from Cuba, who openly accused the US of carrying out the attacks. The US representative to the UN, having been kept in the dark about the plan, submitted an honest denial. His denial was backed by President Kennedy, who claimed that although the US were fervently opposed to Castro’s rule, they would never involve their own army. Cuba, meanwhile, prepared up to 20 military aircraft in the immediate aftermath of the air attacks, and were now ready to repel any future incursions.

16th April

On April 16, President Kennedy discovered that the B-26 pilots involved in the previous day’s attack had grossly overestimated the amount of damage they had caused. They had in fact missed many of their targets. The US had planned another aerial attack on April 17, but this realization forced President Kennedy to cancel that planned attack.

On April 16, the naval fleet gathered at the planned rendezvous point, 40 miles south of Cuba.

17th April

A mock landing was staged off the northern coast of Cuba on the night of April 16. This diverted Castro’s attention, but wasn’t entirely successful.

On April 17, Brigade 2506 landed in Playa Girón and Playa Larga, in the Bay of Pigs. The landing was fraught with unforeseen complications some ships were damaged by coral reefs, and some suffered from engine issues. Furthermore, far from their initial aim of sneaking into Cuba under the radar, the Brigade’s arrival immediately became national knowledge after local militia spread the news as fast as they could. At 11 am, Fidel Castro announced via a nationwide radio announcement that Cuba was being attacked by their exiles.

April 18-20

On the morning of the 18th, Cuban forces took Playa Larga. The following night, Brigade 2506 forces in Playa Girón were supplied with more ammo by a C-46 plane.

The Brigade had planned an air mission with five B-26 planes, four of them to be piloted by Americans. But this plan was nipped in the bud, when the Cubans destroyed two of the five planes. Later on the 19th, two US ships moved into the Bay of Pigs, but were forced to retreat due to heavy fire from the Cuban army. The remaining Brigade infantry was captured by Cuba.

Secuelas

The US failed spectacularly in both its immediate and long-term goal in funding the Cuban counter-revolution. Not only was the offensive effectively swatted away by Cuba, but it also gave rise to a belief in Latin America that the US was not invincible. It raised Fidel Castro’s popularity by a great degree, and, as Che Guevara conveyed to President Kennedy in a 1961 conference, only served to further strengthen the Castro-Guevara administration in Cuba.

The invasion further worsened the rocky relations between the US and Cuba, and made Castro wary and suspicious about the US. This convinced him to allow the USSR to carry their nuclear missiles to Cuba, giving rise to the Cuban Missile Crisis.


Bay of Pigs invasion: Kennedy’s Cuban catastrophe

In 1961, US-backed exiles made a disastrous attempt to overthrow Cuban leader Fidel Castro. Mark White examines President Kennedy's role in the Bay of Pigs invasion and asks, was his mishandling of the operation as excusable as his supporters would have us believe?

Esta competición se ha cerrado

Published: April 17, 2018 at 9:00 am

“Let me tell you something,” President John F Kennedy told confidant Clark Clifford in April 1961. “I have had two full days of hell – I haven’t slept – this has been the most excruciating period of my life. I doubt my presidency could survive another catastrophe like that.”

That catastrophe was the failed attempt by a group of Cuban émigrés, with the backing of the US government, to invade Cuba at the Bay of Pigs, an inlet on the island’s south coast, 90 miles south-east of the capital Havana. Their aim was to provoke an uprising that would bring about the overthrow of Fidel Castro, the left-wing leader who had seized power in an armed revolt in 1959.

Castro had found himself on a collision course with the United States almost from the moment he seized power. Dwight Eisenhower, Kennedy’s immediate predecessor in the White House, had looked on with growing alarm as the Cuban revolutionary developed an ever-closer relationship with the Soviet Union. Eisenhower had already used the Central Intelligence Agency (CIA) to topple ‘undesirable’ governments in Iran and Guatemala. In 1960, in the final year of his presidency, he turned to the CIA again.

The agency came up with a plan to train, fund and equip in Guatemala a group of Cubans who had fled their homeland out of disgust at Castro’s policies, and then to assist them in an amphibious invasion. The operation was to be backed by strikes on Castro’s air force.

To proceed with the plan to topple the Cuban leader, or place it on the back burner? That was the dilemma facing Kennedy when he replaced Eisenhower in the White House in January 1961. Having grappled with this thorny issue in meetings with senior advisers in the early weeks of his presidency, Kennedy decided to give the invasion his blessing as long as it could be carried out as unobtrusively as possible – and with America’s role in the operation concealed.

With this in mind, he asked the CIA to replace their preferred invasion site – Trinidad on Cuba’s south coast – with one that was less populated and less conspicuous. The location they came up with was the more sparsely populated Bay of Pigs.

Events then began to unfold quickly. By mid-March, Kennedy’s top military advisers – the joint chiefs of staff – had given the revised plan their blessing. The date of the attack itself was set for April.

Kennedy hoped the invasion would help the United States seize the initiative in the Cold War. Instead it turned out to be a humiliating disaster. Prior to the assault, an air strike by B-26 bombers on Cuba’s main airfields on 15 April failed to destroy all of Castro’s air force. Then, when the Cuban exile fleet approached Cuba, coral reefs damaged the boats. Worse still, Castro rapidly mobilised his militia of 200,000 men and, on learning of the invasion on 17 April, dispatched sizeable forces to the beachhead. He also ordered the rounding up of 100,000 Cubans who were thought to oppose his leadership – and, in doing so, dashed Kennedy’s hopes that the attack would spark an anti-Castro uprising.

Meanwhile, JFK dealt the operation another blow when he cancelled a second air strike on Cuba’s airfields, fearing that it would reveal US involvement to the world. This enabled Castro to use the planes that had survived the initial air strike, as well as field artillery, to attack the invading Cuban exiles. On 19 April the CIA-backed Cuban exile force started to surrender. The Bay of Pigs invasion had failed.

That the United States had been behind the operation was soon reported by the press and revealed in the United Nations. Unaccustomed to setbacks in what had so far been a charmed political life, Kennedy was devastated by the Bay of Pigs disaster. An adviser who peeped into the White House bedroom as the operation was failing observed JFK crying in the arms of his wife Jackie. He called his father for advice every hour, yet did not receive the paternal support he had anticipated. “Oh hell,” Joseph Kennedy told his son,“if that’s the way you feel, give the job to Lyndon [Vice President Johnson].”

An understandable error?

The Bay of Pigs raises some important historical issues. Why did Kennedy support a plan that failed so badly? Did he have good reason for thinking that the operation would prove successful? Was it the case, as Kennedy supporters have often claimed, that although the Bay of Pigs was a serious error on JFK’s part, it was an understandable one, as virtually all of his advisers had urged him to authorise the operation?

Kennedy decided to go ahead with the invasion for a variety of reasons. First of all, it reflected his own foreign policy ideology, which was based on the idea that democracies like the United States must develop considerable military power and show an uncompromising toughness when dealing with aggressive dictatorships, such as Castro’s Cuba and Nikita Khrushchev’s Russia. This conviction derived from Kennedy’s analysis as a student at Harvard of the British appeasement of Nazi Germany. To a young JFK, the lessons of the 1930s were clear: confront totalitarian dictators, don’t mollycoddle them.

That is precisely what Kennedy planned to do by ordering the Bay of Pigs invasion. He also believed that if Castro were to remain in power he would promote a series of communist revolutions throughout Latin America. In the mind of the new president, Castro’s Cuba represented a dangerous and unacceptable extension of Russian influence in America’s own backyard.

Kennedy, moreover, had taken a strong stand against Castro in the 1960 presidential campaign, railing against his Republican rival Richard Nixon for being part of an administration that had failed to prevent the Cuban revolutionary from coming to power. JFK pledged to take robust action to overthrow Castro if elected president and so, once he’d won that election, felt compelled to honour his promise and support the CIA plan.

Another factor almost certainly lay behind Kennedy’s decision to approve the Bay of Pigs plan: the belief that it would work because Castro would be assassinated. In 1975 a US Senate investigation into alleged attempts by the CIA to kill foreign leaders established that the agency devised at least eight plots to murder the Cuban leader in the early sixties. The CIA even went to the lengths of recruiting mobsters such as John Rosselli and Sam Giancana to help them do the job.

In one such attempt – planned for the period before the Bay of Pigs invasion – a Cuban was to pass on poison pills to an official in the Cuban government, who would see to it that the pills were dropped into Castro’s drink. Another plot (the details of which remain shady) involved a Cuban exile arranging for poison to be put in Castro’s food at a restaurant he frequented.

What is no certain is whether Kennedy knew of, and endorsed, the CIA’s attempts to kill Castro, or whether the president was left in the dark. The CIA practice of ‘plausible deniability’ – whereby presidential briefings about assassination attempts are not recorded in official documentation so that his knowledge is plausibly deniable – makes the issue even murkier.

A number of Kennedy advisers have since claimed that the president’s strong moral code makes it unthinkable that he would have backed CIA plans to kill Castro. Looking at this another way, however, it seems very probable that Kennedy knew about and approved the CIA assassination plots. For one thing, just before the Bay of Pigs, he asked a senator – who was also a close friend – to produce a memorandum on the assassination of Castro. For another, he told a journalist later in the year that he had been “under terrific pressure from advisers… to okay a Castro murder”.

Furthermore, Kennedy found the world of espionage, with its illicit manoeuvring and moral compromises, not reprehensible but intriguing. He loved Ian Fleming’s James Bond novels, and during the 1960 presidential campaign had even met Fleming and asked his advice on how best to handle Castro. When Kennedy was informed that America had its own James Bond, William K Harvey, who had succeeded in building a tunnel under East Berlin, he was determined to meet the legendary CIA operative. As one Kennedy aide recalls, the “pistol-carrying, martini-drinking adventurer was found and sent over to the White House”.

Rather than being troubled by the notion that CIA agents were trying to assassinate Castro, Kennedy probably viewed it as the kind of covert and unsavoury tactic that a president had to employ because it served the national interest, in this case the removal of a hostile communist leader from the western hemisphere.

Knowledge of the CIA’s attempts to kill Castro certainly makes Kennedy’s decision to order the invasion more comprehensible. Mathematically, the Bay of Pigs never made sense. How could a Cuban exile army of 1,400 defeat Castro’s forces which, bolstered by his strong militia, could number close to a quarter of a million? What JFK most likely calculated was that Castro’s assassination would throw Cuba into turmoil. In that context, the small Cuban exile force could prove effective in determining Cuba’s political future.

Ignoring good advice

However, the fact of the matter is that Kennedy should have questioned CIA and military officials more thoroughly as to the potential shortcomings of the plan. He should have taken on board British intelligence information he received early in his presidency that suggested Cubans were unlikely to react to a Cuban exile invasion by rising up against Castro. Finally, he should have listened more carefully to those US officials who opposed the operation.

That there were numerous dissenters within the US administration was an embarrassing fact that Kennedy’s supporters often concealed. The Bay of Pigs was a mistake on JFK’s part – it was argued – but an understandable one given that almost all of his advisers backed the operation. But that was not so. Chester Bowles, Adlai Stevenson, Dean Rusk, Charles Bohlen, Richard Goodwin and Arthur Schlesinger, among others, expressed deep reservations about the invasion plan, as did Arkansas senator J William Fulbright. Veteran Democrat Dean Acheson pulled no punches in telling the president: “It was [not] necessary to call [the accountancy firm] Price, Waterhouse to discover that 1,500 Cubans weren’t as good as 25,000 Cubans. It seemed to me that this was a disastrous idea.” Kennedy could and should have listened to these voices of dissent.

The Bay of Pigs invasion represented the nadir of Kennedy’s presidency. It was emblematic of the excessively hard-line policies he often carried out before the Cuban missile crisis of October 1962.

He not only tried to topple Castro through the CIA-engineered assault on the Bay of Pigs but continued thereafter to work for his overthrow by launching another top-secret CIA programme directed against Cuba, Operation Mongoose. He also deepened America’s involvement in Vietnam and needlessly increased military spending at a time when the US had a huge lead in nuclear weapons over the Soviet Union.

Sobered by the dangers of the Cuban missile crisis, Kennedy later adopted a more conciliatory approach to international affairs, signing the 1963 Nuclear Test Ban Treaty and urging the United States in his famous speech at American University to change its attitude towards the Russian people and the Cold War. The maturity displayed by Kennedy in the final year of his presidency, so lacking in his handling of the Bay of Pigs operation, makes the tragedy of his assassination in November 1963 even greater.

From the Bay of Pigs to the Cuban Missile Crisis

The Bay of Pigs invasion took place in a period when Cold War tensions were at their height. Of course, friction between the United States and the Soviet Union had been ongoing since the end of the Second World War, and would continue through the Kennedy era until 1989 when the Soviet empire in eastern Europe crumbled and the Berlin Wall came down.

However, never did war between the superpowers seem more likely than it did in the early 1960s. The summer of 1961 was dominated by a major Soviet-American crisis over Berlin.

At a stormy summit meeting in Vienna, Nikita Khrushchev told Kennedy that the United States had to get out of West Berlin within six months. JFK refused, and the crisis ended only after Khrushchev sealed off communist East Berlin by building the Berlin Wall. The following year Khrushchev triggered the most dangerous episode in the entire Cold War – the Cuban missile crisis – by deploying nuclear warheads in Cuba.

The consequences of the Bay of Pigs invasion for the Cold War were profound. One of Khrushchev’s main motives for sending nuclear weapons to Cuba was to deter a US invasion of the island he thought likely as Kennedy had already sanctioned a similar sort of attack in April 1961. In short, without the American-backed invasion, the Cuban missile crisis would most likely not have taken place.

Paradoxically, the Bay of Pigs fiasco gave Kennedy some of the insights he would need to manage the missile crisis as well as he did. Essentially the failed invasion attempt made him more wary of accepting uncritically hard-line advice from military and CIA officials. This played a major role in his decision to reject their recommendation to order a risky and dangerous air strike on the Soviet missile sites in Cuba.

Mark White is a professor of history at Queen Mary, University of London. Sus libros incluyen Missiles in Cuba: Kennedy, Khrushchev, Castro, and the 1962 Crisis (Ivan R Dee, 1997).


Bay of Pigs Invasion

The Bay of Pigs invasion was intended to provoke popularity for an uprising against Fidel Castro, who had overthrown American-backed dictator Fulgencio Batista. Instead, it gave Castro a military victory and a permanent symbol of Cuban resistance to American aggression. The Bay of Pigs was not originally John F. Kennedy's idea. As the communist nature of Fidel Castro's regime became apparent, the urge to topple his government grew. Dwight D. Eisenhower's administration planned the invasion, which would be handled by the CIA. By the time of Kennedy's inauguration, the order to invade was the only remaining piece of the plan to put into place. Planning for the invasion began in 1960, before diplomatic ties with Cuba had been broken. The situation was delicate, since the plan was to overthrow a government with which the United States was not at war. Various aspects, including propaganda and military strategies, were included in the plan, along with the directive that the U.S. should not appear to be involved. During the presidential campaign, Kennedy had accused Eisenhower of not doing enough about Castro. In fact, Eisenhower might have launched an invasion himself, had a proper excuse presented itself. Instead, he bequeathed an advanced plan to Kennedy, who was strongly inclined to pursue it. Others in the government were not convinced. The Cubans had presented evidence to the United Nations as early as October that the United States was hiring and training mercenaries. American involvement was not likely to remain much of a secret. Senator J. William Fulbright told Kennedy that this sort of hypocrisy was just the sort of thing of which the United States accused the Soviets. Under Secretary of State Chester Bowles advised Secretary of State Dean Rusk that the plan was wrong on both moral and legal grounds. Those in favor of the plan also included former Vice President Richard Nixon, John's brother Robert F. Kennedy, and Secretary of Defense Robert S. McNamara. On April 12, 1961, Kennedy told a press conference that the United States unequivocally had no intention of intervening in Cuban affairs. Five days later, the invasion took place. The invasion force had been assembled in Guatemala. It departed in six ships from a port in Nicaragua on April 14. On April 15, the American-backed Cuban exiles began to bomb airfields near two points in the Bay of Pigs and the Zapata swamps in Cuba. In a clumsy effort to make the attacks appear to have been made by defectors, the attacking B-26 airplanes were disguised to look like Cuban aircraft. An actual defector named Mario Zúñiga was presented to the press along with his airplane, but so many important details were missing and the press had uncovered so much of the truth, that the cover-up effort had little success. Within the first few hours of the operation, it began to appear that the invasion would fail because it had not garnered the support from locals on which they were counting. Much to the CIA’s surprise, locals firmly supported Castro and the Revolution. Adlai E. Stevenson, the American ambassador to the U.N., flatly denied the Cuban ambassador's charges about the attack and showed the official photographs to support the defector’s story. Unfortunately, the truth came out within a few hours and Stevenson was humiliated. He also learned that Kennedy had referred to him as “my official liar.” The attack began shortly after midnight on April 16. Coral reefs, misidentified by U-2 spy planes as seaweed, held up landings. Two ships were stranded 80 yards from shore and some heavy equipment was lost. With the invasion plainly underway, Rusk announced on Monday, April 17, that the U.S. would not intervene in Cuba nor would it in the future. Because world opinion was against the U.S., Kennedy decided not to provide further air cover until it could be launched from a landing strip somewhere in Cuba. This never happened, and Cuban forces had complete control of the air. A final desperate attempt at air support resulted in the loss of four American airmen on April 19, but the outcome was already sealed. The invaders surrendered on the afternoon of April 19. More than 200 people been killed another 1,197 were taken captive. On April 20, Kennedy told the American Society of Newspaper Editors that the episode was Cubans fighting Cubans and that the U.S. had not been involved. A few months later, the three responsible for planning the invasion — Director of Central Intelligence (DCI) Allen Dulles, Deputy Director of Operations Richard Bissell, and Air Force General Charles Cabell — were fired. Mass trials of the captured men were held and nearly all were sentenced to 30 years imprisonment. After 20 months of negotiations, they were released in exchange for $53 million in food and medicine. The failure of the Bay of Pigs Invasion set the stage for further aggressions against Castro from his northern aggressor. President Kennedy made little effort to conceal his continued desire to see Castro deposed. Castro’s insecurity about the future of his rule over Cuba led to the installation of Soviet nuclear missiles there, prior to the Cuban Missile Crisis of 1962.


Ver el vídeo: Este es el YOUTUBER del que TODO MUNDO HABLA (Mayo 2022).


Comentarios:

  1. Esmond

    Mensaje inigualable ;)

  2. Brendan

    Parece una excelente idea para mí es

  3. Woodrow

    Tonterías excepcionales, en mi opinión.

  4. Maki

    De acuerdo, esta notable opinión

  5. Jerrad

    Lo siento, que no puedo ayudar en nada. Espero que otros te ayuden aquí.

  6. Daibheid

    Que tema tan divertido

  7. Welsh

    ¿Que esta haciendo?



Escribe un mensaje